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Muchas personas tienen un libro que es "sagrado" para ellos (el I Ching), un libro que siempre va contigo y que, tanto en los momentos de alegría como en las dificultades, te acompaña, te reconforta, te da los mejores consejos.
El I Ching es uno de esos libros sagrados, que han recopilado y preservado la sabiduría de los sabios maestros, observadores de la vida y del proceso de evolución del hombre.
El origen del i ching se remonta a más de 5000 años y es contemporáneo del oráculo de Delfos, de la astrología azteca, de los druidas, hermano de todas las hermandades de tiempos remotos. También
es el origen de numerosas ciencias tradicionales; la acupuntura, el Feng Shui, el Chi kun, el Tai Chi.

El I Ching o Libro de los Cambios nos transmite, desde la más profunda noche de los tiempos,
leyes universales muy sencillas acerca del Cambio y aplicables a cualquier momento o época de nuestra vida.

Los maestros orientales encontraron un modo muy sencillo de representar la Ley del Cambio y el movimiento constante del Universo (el i ching) y por lo tanto de la experiencia humano. Son dos principios básicos, el Yin y el Yang, la expansión y la contracción, el principio femenino y masculino...

Los sabios representaron 64 combinaciones de estas dos energías vitales, 64 modos de ser o prototipos de vida, cada uno es un "hexagrama" compuesto de 6 trazos o líneas superpuestas -- -- (yin, partidas) o ----- (yang, llenas). Cada hexagrama representa un "cuadro", una situación en el tiempo, estudiada por sabios y maestros que basaron su conocimiento en la observación de la naturaleza de este planeta, del universo que nos rodea y en la experiencia acumulada de muchas generaciones de hombres sabios dedicando su vida al conocimiento de las Leyes del Universo. Y ellos pudieron comprobar como estas combinaciones de energías influían desde el Cielo, sobre la Tierra y en el Hombre. Los 64 hexagramas forman parte del Tao, del Gran Camino, son 64 mini-caminos por los cuales todos los hombres de este planeta pasean desde su nacimiento hasta su muerte.

Para hacerse entender, los maestros creadores del I Ching eligieron un lenguaje pictorial, porque es atemporal, hecho de elementos de la naturaleza conocidos por todos los seres de este planeta. Este lenguaje visual es muy familiar en las culturas chinas y japonesas, pero para nuestra mente occidental, es más difícil librarse de la necesidad de conceptualizar, de entender con la mente. El I Ching, al igual que la poesía de los Haikus, no se puede descifrar con la mente sino con el corazón. Así, se entiende sin esfuerzo. Y la maravilla es que, no pasa el tiempo, 5000 años más tarde, ese lenguaje se entiende perfectamente, porque los símbolos de la naturaleza son nuestros espejos directos, y hablan con una parte que nuestra mente no puede alcanzar, con nuestros corazones.

El Cielo, la Tierra y sus tres hijos, el Trueno, Agua y la Montaña, y sus tres hijas, el Viento, el Fuego y el Lago, representados por tres trazos básicos, o "trigrama", nos enseñan en sus múltiples interacciones, un sinfín de experiencias, de aprendizajes, de invitaciones a crecer en sabiduría y en armonía.
El Fuego en la Montaña, el Trueno en el Cielo, el Agua en la Tierra, el Viento debajo del Fuego, el Trueno en la Tierra, el Lago en la Montaña... son algunos de los "cuadros" que nos ayudan a penetrar en una situación en el tiempo, estudiada por los sabios y maestros que pudieron comprobar como esta combinación de energías influían desde el Cielo, sobre la Tierra y en el Hombre.

Cuando uno consulta el I Ching como oráculo, hace una pregunta acerca de una situación por la cual está pasando y el I ching le indica la dirección de su Tao o la dirección natural o de menor resistencia al Cambio que representa esta situación. Sus consejos son totalmente limpios de juicios y puros. No habla de bueno o de malo, sólo ofrece un pequeño "informativo" de los hechos y de todas las posibilidades al alcance, una "mapa de navegación" por nuestra vida, para que crezcamos y aprendamos todo lo que podamos acerca de la Ley del Cambio que rige nuestro Universo.

Mucho más que un oráculo, el I Ching es un gran maestro, un magnífico consejero, un compañero de camino y un amigo fiel. Así lo siento después de más de 20 años consultándolo, interpretándolo para amigos, y comprobando una y otra vez la magia que contiene.

El I Ching nos inspira respeto, reverencia y humildad ante la grandeza del Cielo, el amor infinito de la Tierra, la energía estremecedora del Trueno, la claridad del Fuego, la suave perseverancia del Viento, la tranquilidad de la Montaña, la complacencia del Lago, y el ejemplo magistral del Agua ante el peligro.

El I ching le devuelve a nuestra vida su dimensión mágica y nos recuerda que:
"La calamidad puede producir la fortuna y la fortuna puede producir la calamidad"
"La ganancia está al borde de la pérdida y la pérdida está en el corazón de la ganancia", y que
"Tener dificultades perfecciona la Voluntad", y finalmente,
"Cuando llegas a un impasse, cambia. Si cambias podrás atravesarlo"

El I ching es la Ley Del Cambio

 



Su origen es mítico, y está unido a la figura del fundador de la cultura china, Fu-Hi, afirmándose que lo descubrió en el caparazón de una tortuga mágica que surgió del Río Amarillo. Otra leyenda afirma que fue el propio Dragón quien le otorgó los signos básicos que constituyen el sistema del Oráculo.


El hecho es que ha sido objeto constante de estudio por los sabios de esta cultura desde hace muchos siglos. Se ha ido enriqueciendo por generaciones y generaciones de estudiosos que han ido refinando cada vez más el sistema hasta poder ofrecer el conjunto actual de un método que ofrece 4096 posibles respuestas, moduladas además por comentarios específicos aplicados a cada caso concreto de situación.


 


CHARLA ENTRE JORGE LUIS BORGES Y ERNESTO SÁBATO

Borges: No se que escritor dijo: "Las ideas nacen dulces y envejecen feroces"

Sábato: ¡Hermosa frase! Además son siempre los pensadores los que mueven la historia.

Borges: Pienso que toda la historia de la humanidad puede haber comenzado en forma intrascendente, en charla de café, en cosas así, no?

Sábato: Perdone que me quede tocado por esa frase que usted cito. Recordemos las cosas feroces que se hicieron en nombre del Evangelio. Y las atrocidades que hizo Stalin en nombre del Manifiesto Comunista.

Borges: ¡Que extraño!... nada de eso a ocurrido con el Budismo.

Sábato: (Con tono escéptico) Pero dígame, Borges, ¿A usted le interesa el Budismo en serio?. Quiero decir como religión. ¿O sólo le importa como género literario?

Borges: Me parece ligeramente menos imposible que el cristianismo (ríen). Bueno, quiza crea en el Karma. Ahora, que haya cielo e infierno, eso no. Por un instante las risas se confunden con las palabras. Los dos se divierten ¿Y qué opina de Dios, Borges?

Borges: (Solemnemente irónico) ¡Es la máxima creacion de la literatura fantástica!. Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imagino la teología. La idea de un ser perfecto, omnipotente, todopoderoso es realmente fantástica.

Sábato: Si, pero podría ser un Dios imperfecto. Un Dios que no puede manejar bien el asunto, que no haya podido impedir los terremotos. O un Dios que se duerme y tiene pesadillas o accesos de locura: serían las pestes, las catástrofes....

Borges: O nosotros (Se ríen). No se si fue Bernard Shaw que dijo: "Dios esta haciéndose"

Sábato: Es un poco la idea de Strindberg, la idea de un Dios histórico. De todas maneras las cosas malas no prueban la inexistencia de Dios, ni siquiera la de un Dios perfecto. Usted acaba de insinuar que cree mas bien en los budistas. Si un niño muere, de modo aparentemente injusto, puede ser que este pagando la culpa de una vida anterior. También puede ser que no entendamos los designios divinos, (que pertenecen a un mundo transfinito).

Borges: Eso coincide con los últimos capítulos del libro de Job.

Sábato: Pero dígame, Borges, si no cree en Dios ¿Por que escribe tantas historias teológicas?

Borges: Es que creo en la teología como literatura fantástica. Es la perfección del genero.

Sábato: Entonces, suponiendo que fuera el Gran Bibliotecario Universal, ese bibliotecario que toda la vida soñó ser. Borges pondría en el primer lugar la Biblia, no?

Borges: Y sobre todo un libro como Summa Teológica. Es una obra fantástica muy superior a la de Wells.